Despropósitos

Claves para pedir propositos

Historia de los propósitos de Año Nuevo:

La tradición de establecer propósitos para el año nuevo proviene de las civilizaciones Babilonia y Romana que en un principio prometían a los dioses comportarse mejor a cambio de recibir abundancia en las cosechas.

Esta tradición se remonta 4000 años atrás  con la civilización babilonia, ellos van a prometerle a sus dioses diferentes cosas como por ejemplo devolver las herramientas prestadas o pagar sus deudas, con el fin de que los dioses les devolvieran esas promesas con muchas bendiciones y sobre todo con muy buenas cosechas.

Con los romanos tiene que ver con el dios Jano, el patrono y custodio de las puertas básicamente, pero esta deidad resulta que era muy importante para el Imperio romano, porque si bien significaba el tema de la puerta, significaba los nuevos ciclos.

A este dios se le representa a veces con una llave en una mano y en otra mano tiende a estar recogiendo los frutos de las uvas, entonces esto de las uvas termina transformándose en  una costumbre española  y es la tradición de comer las 12 uvas cuando el reloj marca la medianoche.

Los propósitos de año nuevo y la tiranía de la autoexigencia:

Pero, en nuestros tiempos, esos deseos y promesas parecen haber cambiado, de peticiones altruistas y tareas de andar por casa a exigencias personales en torno a nuestro aspecto físico, nuestras habilidades y nuestros currículums.

La constante actualización  de nuestra personalidad, nuestro cuerpo, nuestro conocimiento y nuestras habilidades se pone de manifiesto cuando nos toca pedir colectivamente. No nos gusta sentir que nos estamos quedando atrás y que no somos tan interesantes, atractivos, inteligentes y válidos como el resto de humanos. Al final convertimos nuestros deseos en una penitencia autoinfligida.

¿Cuál es la clave a la hora de formular propósitos?

¿Hay propósitos buenos y malos? 

¿Para qué es?

¿Qué es lo que espero conseguir cuando lo tenga?

Está de moda la autoexigencia como algo que nos da valor.

Con  humor gráfico he intentado reflejar esta autoexigencia y la falta de autocompasión para cuidarnos sin exigirnos.